LA ATENCIÓN FARMACÉUTICA: UNA APUESTA
DE FUTURO
Los avances científicos
de las últimas décadas han hecho que
los medicamentos hayan experimentado una gran evolución,
lo que ha llevado a los farmacéuticos a adquirir
mayores niveles de especialización al tiempo
que aumenta el número de estos profesionales
que se integran en equipos multidisciplinares que
investigan y desarrollan nuevas moléculas con
actividad farmacológica.
En los países
desarrollados se consumen grandes cantidades de medicamentos,
bien sea por prescripción facultativa, por
indicación del farmacéutico para trastornos
menores o por automedicación. Este creciente
consumo de medicamentos no siempre se traduce en resultados
positivos para la salud de los pacientes y ello debido
a varios factores: uso incorrecto de los fármacos,
dosis inadecuadas, reacciones adversas, interacciones,
incumplimiento de los tratamientos e indicaciones
o la propia automedicación.
Todo ello hace que
el uso inadecuado de los medicamentos suponga actualmente
un importante problema sanitario y económico,
de lo que se deriva la necesidad de un mejor control
de la farmacoterapia por parte de los profesionales
sanitarios. De entre estos, el más idóneo
para responsabilizarse de ese control es el farmacéutico,
habida cuenta de sus conocimientos científicos
sobre medicamentos y su gran accesibilidad para los
pacientes.
¿Qué
es la Atención Farmacéutica?
Es a esta nueva función
a la que llamamos Atención Farmacéutica,
entendida como la práctica profesional en la
que el paciente refuerza su carácter de principal
beneficiario de las acciones de su farmacéutico,
una acción que puede extenderse al papel que
el boticario, en colaboración con el resto
de los profesionales de la salud, debe ejercer
en la prevención de la enfermedad y en la promoción
de hábitos de vida saludables.
Los estudios realizados
han puesto de manifiesto que la Atención Farmacéutica
así definida requiere establecer una relación
entre el farmacéutico y el paciente con el
objeto de prevenir, identificar y resolver los problemas
que puedan presentarse durante un tratamiento farmacológico.
Esta nueva forma de entender la labor del farmacéutico
implica también añadir a su actividad
como dispensador de medicamentos y orientador sobre
su adecuado uso la de la atención y el cuidado
del paciente. La nueva función supone responsabilizarse
con el paciente de que el medicamento le hará
el efecto deseado y estar atento para que durante
el tratamiento no se produzcan problemas indeseados
y, si se producen, poderlos corregir.
Por lo tanto, para
prestar Atención Farmacéutica de calidad,
el boticario necesita adquirir determinadas habilidades
tanto para trabajar con el medicamento como para hacer
un seguimiento del paciente, detectar la posible aparición
de efectos adversos y comprobar que se han alcanzado
los objetivos marcados al iniciarse el tratamiento.
Algunas de esas habilidades son una buena comunicación
con el paciente, formación permanente, trabajo
en equipo y conocimientos básicos de informática,
entre otras. En definitiva, satisfacer la necesidad
social de que los medicamentos sirvan para lo que
se diseñaron y prescribieron supone una mayor
cuota de responsabilidad junto con un importante avance
en la función social y profesional del farmacéutico.
Tipos de Atención
Farmacéutica
En la actualidad se
puede hablar de dos tipos de Atención Farmacéutica,
la global y la destinada a grupos de riesgo. La primera
se refiere al seguimiento que hace el farmacéutico
de todos los tratamientos con medicamentos que llevan
a cabo los pacientes que deseen participar en un programa
de Atención Farmacéutica con el fin
de conseguir los objetivos terapéuticos marcados
y evitar reacciones adversas.
Este tipo de programas
de Atención Farmacéutica comporta, en
primer lugar, convencer al paciente de los beneficios
que para su calidad de vida representa participar
en la iniciativa, además de realizar un seguimiento
tanto de los fármacos prescritos por el médico
como de las indicaciones del propio farmacéutico,
sin olvidar el papel que puede desempeñar el
boticario para conseguir una automedicación
responsable. El programa se completa con la vigilancia
de los posibles efectos adversos y con la evaluación
de los resultados alcanzados.
Por su parte, los
programas de Atención Farmacéutica con
grupos de riesgo ( enfermos crónicos, ancianos,
polimedicados, etc.) se centran en realizar el mismo
control pero sobre pacientes que requieren el uso
de medicamentos durante periodos prolongados de tiempo
o de por vida, instruyéndoles incluso sobre
los hábitos más saludables para sobrellevar
su dolencia. Además de los requisitos establecidos
para los programas globales de Atención Farmacéutica,
en el caso de los de grupos de riesgo, el farmacéutico
necesita también adquirir conocimientos sólidos
sobre la patología de que se trate y sobre
su farmacología.
¿Cómo
hacer Atención Farmacéutica?
Las condiciones actuales
en las que el farmacéutico desarrolla su labor
en la oficina de farmacia no permiten poner en marcha
planes de Atención Farmacéutica excesivamente
ambiciosos. Las tareas burocráticas y de rutina
a las que inevitablemente debe atender le restan el
tiempo necesario para poder dedicarse plenamente a
este importante cometido.
En consecuencia, es
urgente y necesario que, aún con la estructura
burocrática actual , que tendrá que
ir cambiando paulatinamente, el farmacéutico
empiece a liberarse de estas trabas y dedique la mayor
parte de su tiempo al medicamento y al paciente que
son, en definitiva, su razón de ser como profesional
sanitario.
Se hace necesario,
por tanto, empezar a delegar funciones en el resto
de su equipo sin que ello implique aumentos de costes,
optimizar al máximo sus recursos e incluso
liberar un espacio físico en la farmacia para
atender a los pacientes. Conseguido esto, que no es
fácil, comienza la verdadera tarea de Atención
Farmacéutica tal y como la hemos descrito aquí.
En resumen, Atención
Farmacéutica es un nuevo concepto de la labor
del boticario que representa un avance profesional
cualitativo para el farmacéutico y que amplía
y complementa a la perfección las tareas de
dispensación de medicamentos y orientación
sobre su uso adecuado que presta en la actualidad
la oficina de farmacia. El hecho de que el farmacéutico
goce de un merecido reconocimiento social por la labor
que desempeña no debe suponer un freno para avanzar
en la mejora de la calidad del servicio que se presta
a los pacientes y para, en definitiva, contribuir
junto al resto de los profesionales sanitarios, en
la elevación de la calidad de vida de la población.