Medicamentos en el embarazo, lactancia y edad avanzada
Medicamentos en el embarazo
A pesar de la existencia de una barrera entre la madre y el
feto (la placenta) el paso de sustancias químicas -medicamentos y tóxicos-
a través de ella es fácil e intenso en muchos casos. Esto implica
que los medicamentos que toma la madre para tratar una enfermedad son recibidos
también por el feto.
Los medicamentos tomados durante el embarazo pueden afectar al feto de varias
formas:
• Alterando su normal desarrollo, pudiendo producirle malformaciones
o deformidades. Esto es lo que se llama efecto teratógeno.
• Alterando el intercambio de oxígeno y alimentos entre el feto
y la madre, impidiendo su desarrollo y crecimiento.
La
gravedad de los efectos depende de la edad del feto, de la potencia del medicamento
y de su dosis.
Durante el primer trimestre de embarazo, periodo de formación de órganos,
es arriesgado tomar medicamentos por la posibilidad de producir malformaciones;
los efectos de los medicamentos pueden ir desde “ningún efecto
detectable”, “aborto”, “una malformación no
mortal” o “un defecto metabólico o funcional permanente”
que se manifiesta a lo largo de la vida. En el segundo y tercer trimestre
es poco probable que produzcan deformidades, pero pueden alterar el crecimiento
y las funciones de los distintos órganos. 
Por todo ello es importante valorar el riesgo que puede causar el medicamento
sobre el feto, frente al beneficio que deriva de su empleo.
Aunque son muy pocos y están bien identificados los medicamentos que
son claramente teratógenos, toda mujer embarazada o que desee quedarse
embarazada, debe evitar tomar medicamentos sin antes consultar con su médico
o farmacéutico. Esta advertencia incluye también a las plantas
medicinales, ya que algunas están contraindicadas durante la gestación.
Medicamentos
en la mujer lactante
Al igual que en el embarazo, los medicamentos pueden pasar de la sangre materna
a la leche y ser capaces de ejercer su efecto en el niño que está
siendo amamantado. Ello dependerá de muchos factores:
• Del tamaño de la molécula del medicamento (moléculas
pequeñas pasan a la leche mientras que las grandes no)
• Del tipo de medicamento: los de tipo ácido permanecen en la
sangre materna, mientras que los básicos o alcalinos pasan a la leche;
los medicamentos liposolubles (solubles en grasas) pasan a la leche; etc.
• Del tiempo de administración del medicamento: la administración
ocasional de un medicamento que pasa a la leche no afectará de manera
importante al niño, pero si la administración es más
prolongada sí le afectará.
• De la cantidad de leche ingerida.
• De la periodicidad de las tomas: si las tomas son frecuentes llegan
a alcanzarse niveles altos del medicamento en la sangre del niño; etc.
De
acuerdo con todo lo indicado, corresponde al médico valorar el riesgo
que puede causar el medicamento sobre el lactante, frente al beneficio que
aporta su empleo. Por tanto, en caso de duda consulta a tu médico o
farmacéutico.
Medicamentos
en niños
Desde el momento del nacimiento hasta la pubertad se produce una maduración
progresiva de los diferentes órganos y sistemas, factor muy importante
en la administración de medicamentos. Muchas de las funciones de los
órganos están disminuidas porque aún no se ha completado
el desarrollo, siendo esto más evidente cuanto más pequeño
sea el niño, lo cual influirá en el comportamiento del fármaco
dentro del organismo. Por ejemplo, su hígado inmaduro tardará
más en transformar o metabolizar los medicamentos para su posterior
eliminación por los riñones, también inmaduros. El resultado
es que el medicamento se acumula en el organismo, aumentando así la
posibilidad de que aparezcan efectos secundarios y efectos tóxicos.
Es misión del médico valorar la necesidad de poner un tratamiento
farmacológico, escogiendo el medicamento más adecuado a cada
etapa de desarrollo y vigilando la dosis en cada caso.
Medicamentos
en ancianos
Con el transcurso del tiempo, prácticamente todos los órganos
y sistemas corporales se ven afectados por el envejecimiento. Podríamos
resumirlo en una palabra, “agotamiento”, es decir todos los órganos
se van agotando. Disminuye la función de los riñones, del corazón,
del aparato respiratorio, del hígado, etc. También cambia su
composición corporal, de forma que aumenta la proporción de
grasa de su organismo y disminuye la de agua. Todo esto va a influir en el
efecto que ejercen los medicamentos. Por ejemplo, un
medicamento
liposoluble se va a acumular más en el organismo de un anciano que
en el de una persona joven. Además el hígado lo metabolizará
más lentamente porque está “agotado” y posteriormente
el riñón lo eliminará por la orina también más
lentamente por la misma razón. El resultado es que el medicamento se
acumula en el organismo y está ejerciendo su acción durante
un periodo más prolongado.
Además, con frecuencia los ancianos padecen simultáneamente
varias enfermedades propias de esta edad, como son diabetes, hipertensión,
Alzheimer, Parkinson, etc., lo que implica la toma de varios medicamentos
al mismo tiempo. Ello aumenta la aparición de interacciones entre fármacos,
de efectos adversos, y también la toma errónea por olvido o
confusión de los distintos medicamentos. Es muy importante informar
al médico de los problemas surgidos, pero siempre cumpliendo el tratamiento
prescrito.